Los Ponchos

 

 

Toda muestra   de arte, es la manifestación de un pueblo; sus creencias, su forma de vida, costumbres y familia.

Ahora revisaremos el reportaje hecho por Javier Ávila, sobre esta manifestación tan propia de los pueblos originarios.

 

LOS RANQUELINOS SE DISTINGUEN POR LA MAESTRÍA DE SU EJECUCIÓN. 

 Los ranqueles eran muy andariegos por las atribuciones araucanas y de aldeas del Norte con las misceláneas etnias de la zona pampeana entrelazaban en telares verticales el con el pelo de guanaco hilo, y la hebra de oveja a partir de la autoridad hispánica.

 

            Con la incursión araucana, aproximadamente en el 1000, se instruyó el proceso de araucanización y eslabones étnicos, que se igualan hoy como mapuches, no patrocinaron el telar hispánico y no conmovieron en su destreza ni sus característicos esbozos con la guarda “llanura” o “greca” similar a sus grabados prehistóricos. Monopolizaban para sus telas la técnica de la “guarda atada” y la del cultivo, constituyendo el bosquejo con los ciclos de la maquinación y la confabulación, coloreados con diferentes matices.

 

En todas las erudiciones los tonos tuvieron un significado específico, proporcionado a un código que chasqueaba las interdicciones del pionero. Un poncho rojo deleitoso a un caudillo Roberto Vega, lo santificaba como un gran guerrero. En canje, es una proyección folklórica atribuirle al poncho de Güemes los matices de la sangre triunfante y el encuentro por la víctima del general.” Añade que en Loncapué, cerca de Caviahue (Neuquén), se trenzan presentemente ponchos, mantas, alfombras, según la costumbre mapuche, como en la zona de Temuco, en Chile.

 

 Ponchos históricos Invaden una gran habitación, aventurados en estanterías (sobre un material libre de ácido) un poncho de cuero que concernió al general Urquiza, un poncho “de sesenta listas” (propio del Paraguay, lienzo en tela) del presidente Sarmiento el poncho “ranquel” que alcanzó al general Lucio V. Mansilla, a quien se lo entregó al caudillo ranquel Mariano Rosas, un poncho de vicuña o alpaca blanco que afectó al general José de San Martín, un poncho de ataujía tejido en un tela con encajes, que tocó al general Juan Manuel de Rosas. Son quince ponchos auténticos.

 

            Ponchos “arribeños”, hay que transitar al aposento adyacente para atolondrar los ponchos de cerda, un con material que se tocaba, y se entretejía en el estado con continuaciones procedentes por la cría de gusanos de tela, conocida a partir de 1800.  Donde se ostentan en dos pedazos de fines de la época XIX, originarios de selecciones individuales. Exposiciones y colectores privados contribuyeron los 120 ponchos que se manifiestan en tres salones, muchos de ellos expuestos por primera vez. Los “arribeños” eran los ponchos que descendían de los distritos al norte de Córdoba Salta, Tucumán, Catamarca, Santiago del Estero, Jujuy. Diversos de ellos están paños con hebra de vicuña un camélido que hasta hace poco tiempo se dedicaba, pero en los últimos años se cría, y se esquilar, lo que accedió rescatar una especie hábilmente en caída.

 

Escrito por: Javier Ávila

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Acerca de ajayularevista

Revista de carácter indígena de la región de Coquimbo

Publicado el abril 3, 2011 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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