El autismo Intercultural

9863962081105386La cultura ancestral está siendo amenazada por años, por una cultura que se nunca fue predominante, pero si impuesta.  Una triste realidad,  que a los descendientes les toca vivir a diario; sus rituales y población reducida a niveles mínimos y tratados de folkloristas, cuando las danzas, reflejan un sentir y pensar de un pueblo milenario.

Nuestra cultura es sabia y verdadera

Fuente:  Hugo Carrillo Cavero

Congresista.

Perú

Marzo 29. La racionalidad occidental en nuestro país ha tratado peyorativamente a la racionalidad andina desde su arribo en el siglo XVI. Cuestiona las creencias ancestrales de los pueblos aborígenes y las llama irracionales, sin reparar en sus propias prácticas.

Rechaza, por ejemplo, que los pueblos y culturas prehispánicos canten y bailen en los funerales para honrar a sus muertos.

Hasta la actualidad, sin embargo, sobreviven muchas costumbres ancestrales como aquella según la cual en las fiestas principales nos deseamos parabienes y ofrecemos a nuestros parientes y amigos pequeñas representaciones de casitas, cochecitos, maletitas y otras miniaturas.

Este ritual se observa en todo su colorido y significado en la feria de las Alacitas. Otra tradición prehispánica es el pago a la Madre Tierra o Pachamama y el culto a los apus, al agua, en fin a la naturaleza toda, en el marco de una visión cósmica y panteísta.

Nos dicen folclóricos por todas esas manifestaciones que los andinos nos empeñamos en conservar.

La cultura occidental también tiene sus ritos populares sin que nadie los cuestione. Mientras los andinos llevan licores, cigarros, coca y fruta para sus muertos, ellos llevan adornos florales y tarjetas musicales a los cementerios.

Una parte de la población urbana, la más occidentalizada, califican de folclórica a la música de origen andino (huainos, mulizas, chuscadas y otras) y no entienden que la música criolla es igualmente folclórica (valses, polcas, marinera costeña).

Claro que a la racionalidad occidental le parece una costumbre muy seria vestirse de amarillo durante las fiestas de Año Nuevo, comer doce uvas debajo de la mesa a las 12 de la noche del último día del año, ponerse calzones rojos o amarillos para la buena suerte, por solo mencionar algunas “racionalidades”.

Más allá de los conocimientos y de su importancia en el espacio andino y en el mundo occidental, es necesario referirse a la forma en que estos son comunicados.

La codificación y decodificación de mensajes y contenidos es un tema vital e importantísimo, en particular para el Perú y en general para los países de América Latina en los cuales hubo un proceso de dominación colonial.

Podemos discutir si los conocimientos de ambos mundos, dominantes y dominados, son o tecnológicos, científicos o racionales, pero el gran problema de fondo es que no hay una comunicación de ida y vuelta entre ellos, no hay una decodificación de los mensajes de una cultura a otra y este problema es un quipu o madeja que debemos desenredar. Solo así tendremos la posibilidad de establecer un adecuado proceso de desarrollo integral, intercultural, incluyente e inclusivo.

Un punto de partida consiste en efectuar una clara distinción entre la visión lineal de occidente sobre el origen del mundo y la visión circular o en espiral del mundo andino.

Observemos que dicha visión lineal del mundo occidental todavía debate cuál es el origen del mundo, si venimos de Adán y Eva o si descendemos o hemos evolucionado a partir de una especie de primates.

No entremos en una discusión bizantina sobre estos modos de interpretar la existencia humana y el surgimiento de la vida; sin embargo, hay que insistir en que en el mundo andino y en general en sociedades no occidentales se tiene una visión política y holística del mundo que marca muchas diferencias.

En la cosmovisión andina hay una vida animada en el mejor de los sentidos, para la comunicación con el espacio que nos rodea, por eso es que las montañas y los collados tienen vida, el suelo, el agua, los cerros, en fin, todo cuanto existe son considerados “seres vivos” y, por lo tanto, poseen el atributo y la capacidad de “hablar”, “ver” y “oír”.

El agua, a veces, es femenina y en otro caso masculino; la tierra es la versión femenina y el agua cuando circula es el engendrador, es la parte masculina, pero a veces también el agua se convierte en femenino, por ejemplo, cuando nos referimos a la Mamacocha.

Ese es uno de los elementos que nosotros debiéramos rescatar de la visión del mundo en la cordillera andina. No para sobrevalorarla, sino para revalorarla y romper así la incomunicación, el autismo intercultural.

El gran problema de fondo es que no hay una comunicación de ida y vuelta entre el mundo dominante y el dominado, no hay una decodificación de los mensajes de una cultura a otra y este problema es un quipu o madeja que debemos desenredar.

tawa_chakana

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Acerca de ajayularevista

Revista de carácter indígena de la región de Coquimbo

Publicado el marzo 29, 2013 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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