Un aymara del siglo XX

Aproximación a un sujeto histórico a partir del relato “Toribio Bartolo, testimonio de un aymara”

Carla Miranda Medina
Estudiante de Historia, Geografía y Ciencias sociales. PUCV
Septiembre, 2012

Los pueblos indígenas han constituido parte esencial dentro de la historia de América latina. Si bien la historiografía no les ha hecho justicia como sujetos activos en la realidad sino hasta hace algunos años, es imposible negar su impronta como algo vivo dentro de la sociedad. Sin embargo, este proceso interacción cultural no debe ser visto como algo restrictivo del pasado (de los años coloniales) en donde la diferencia étnica y cultural era más evidente, sino que, por el contrario puede proyectarse y ser evidenciable hasta hoy. Los siglos han pasado y junto con ellos la tecnología ha avanzado a pasos gigantescos, no dejando a nadie fuera de su impronta e influencia, y ante esto, sería ingenuo pensar que los pueblos y comunidades indígenas (por muy alejadas que estuviesen de las grandes ciudades) se hayan visto ajenas a este proceso. Es por ello, que en el presente trabajo se pretende realizar una aproximación a aquella realidad, en donde las concepciones del mundo y cultura indígena ya no se corresponden con la imagen pretendida y heredada del mundo prehispánico, sino que como un producto del devenir temporal y el contacto de los pueblos mismos con la civilización y tecnología occidental.
Analizando el testimonio de Toribio Bartolo1, un aymara de 71 años se espera dar un paso más y ser un aporte a los estudios indígenas del chile nortino, analizando desde su perspectiva una cultura y un contexto histórico, no como un ente del pasado del cual sólo perviven ciertos elementos y objetos materiales (como cerámicas o tejidos) para recordar, sino como algo vivo, reflexionando y pretendiendo comprender diversos puntos desprendibles de su relato, para así tratar de identificar el cómo pensó y vivió un aymara en el siglo XX. Aquel testimonio oral es recogido en el Norte de Chile el año 1982, en la ciudad de Jaiña, en el altiplano tarapaqueño de la ciudad de Iquique, cuando su protagonista regresa su pueblo natal, cerrando un ciclo tras haber recorrido gran parte del territorio andino y de haber vivido experiencias de todo tipo. Toribio Bartolo Qamañapa un aymara que relata su vida y experiencias dentro de su territorio, el cual conoce y en el que no teme moverse. Pero este, no un territorio que no se restringe a los límites tradicionales, sino que abarca gran parte de la actual Región de Tarapacá, parte del Sur de Perú y del sureste de Bolivia.

Él conoció tanto su lengua nativa (gracias a su abuelo, un pastor que también fue soldado en la guerra del pacífico) como el castellano gracias a su madre y la cultura nacional, mas no por ello no sentía curiosidad e interés por aprender otras lenguas, como el quechua o el chipaya2. Tras quedar huérfano cuando aún era muy niño decide aprender trabajar y ser el mejor en ello, buscando conseguir un espacio y ser alguien en el mundo. Por ello pasará por los más diversos oficios, desde calichero o botaripios, hasta mulero, durante su temprana juventud en las Salitreras. Conseguía por su empeño y esfuerzo moverse en los trabajos y conseguir así el reconocimiento de los patrones. La segunda gran parte de su vida la pasó como comerciante ambulante, repartiendo productos varios entre las diversas localidades andinas, sin tener problemas de cruzar las fronteras cuando quisiese. Sin embargo, destaca que gran parte de estas actividades las realizó en solitario, sin tener esposa o familia y sólo requiriendo de ésta cuando le aconsejan que puede ser de utilidad para cuidar la casa mientras él viajaba.

La idea de recoger este testimonio se debe a un grupo de antropólogos y especialistas liderados por Gastón Guzmán que buscaban mediante su investigación recoger aquellos “archivos humanos” (como los ha llamado Lautaro Nuñez3) y salvaguardarlos del anonimato o de perderse en la tierra. Con éste, se espera aportar al conocimiento de la cultura y la historia desde la perspectiva de aquellos grupos (como se ha mencionado con anterioridad) que son ignorados comúnmente para la historiografía y con ello constatar la riqueza humana de las mismas comunidades de nuestro país. Toribio Bartolo posee un gran conocimiento de su cultura e historia, relatando tanto, formas de religiosidad, ritualidad y tradicionalidad local, así como también interpretaciones de la misma historia inca y aymara, junto con el devenir de este pueblo y su destino frente al ritmo de la sociedad y el mundo actual.

Consciente de lo complejo que puede resultar conceptualizar el imaginario de un hombre, pues quiéraselo o no las barreras temporales y culturales estarán siempre presentes como algo que pudiera afectar las concepciones a formularse, he decidido de igual forma emprender esta labor, pues constituyendo una primera aproximación, sólo con el texto como guía para el mismo (aunque considerando en algunas ocasiones bibliografía complementaria) a través de lo que sería la experiencia de un sujeto se abren mil puertas a las próximas experiencias de conocimiento no sólo de una cultura, sino que del hombre mismo.

Si bien se han seleccionado solo cinco conceptos a delimitar, espero que estos puedan ayudar a establecer una aproximación fructífera a una manera de pensar y ver el mundo de éste hombre. Dichos conceptos no fueron escogidos al azar, sino que fueron pensados de forma tal que con ellos se pudieran abarcar de la mejor manera diversos temas y tópicos que pueden ir surgiendo en el relato.

Conceptos a delimitar desde su testimonio:

1. Identidad: Antes que seleccionar cualquier otro concepto para delimitar los alcances que puedan atribuírsele al testimonio de Bartolo, se ha optado por elegir la palabra “identidad” como más representativa en dicha situación. Si bien éste no es utilizado dentro de su discurso, se le considera mucho más oportuno (más que aymara, indígena o chileno) para comprender el relato.
En el relato pueden reconocerse dos niveles en los cuales se establece una concepción propia del protagonista de poseer una identidad: Uno que podría resultar más evidente, el de tipo étnico y cultural, distinguiendo a Bartolo como un ser particular, inserto en el mundo y siendo distinto a un otro (mas no geográfico necesariamente).

Cuando se reconoce a sí mismo como Aymarísto, un conocedor tanto de la lengua y cultura aymara como también de la lengua chileno-castellana, se está delimitando en primera instancia como ser particular. Aymara, por su cultura, sus antepasados y por constituir esta una forma de establecer relaciones sociales o comerciales con los demás poblados, que hablan esta lengua. Chileno, pues se liga a una identidad política, que lo define dentro del territorio y lo inserta en las lógicas acaecidas en el momento. Que le permite a su vez sentirse parte de la historia oficial.

Bartolo configura su propia identidad, dejando a estos dos referentes como base de su formación, pero no teme el aprender nuevos idiomas (locales de pequeñas comunidades o grandes como el quechua) para establecer nuevas relaciones. Es posible que esto haya sido influenciado por su constante movimiento dentro del territorio y su gusto por vivir en diferentes lugares sólo por gusto sin tener conflictos de vivir por un tiempo y luego marcharse.
La segunda es una identidad de tipo económica, en el que el protagonista se reconoce como sujeto activo de ésta dentro del territorio y circunstancia histórica en las cuales se desenvolviere. Aquí destaca el cómo entrega peso a su labor comercial reconociendo su capacidad para trasladarse en el territorio y mantener contactos comerciales con pueblos más pequeños, ya sea mediante la compra-venta o el trueque.

Asimismo, de ésta instancia de desprende otra arista de la identidad del personaje, que corresponde a la idea de concebirse como un ser autónomo, sin un necesario arraigo a un territorio, lo cual le permite moverse con libertad. Pro de esto hablaremos más adelante.

2. Territorio: Bartolo se mueve por trabajo dentro del territorio del Norte Grande Chileno, en el altiplano tarapaqueño. Sin embargo, no se restringe a una ciudad o poblado, ni siquiera sólo a chile (recorriendo a pie poblados como Chiapa Isluga, Cariquima o Pica), sino que también, el área por donde él se mueve con seguridad abarca grandes territorios del Sur de Perú y del sureste de Bolivia, llegando a Tacna, Sabaya o Uyuni. Ya fuera para trabajar en las salitreras o para establecer comercio, este personaje se mueve con seguridad en el territorio, no temiendo el trasladarse según las condiciones lo requieran. Con ello podría pensarse que existe un cierto desligue de la localidad natal y hasta cierto punto es verdad. El desarraigo está presente en todo ámbito en la vida de Bartolo y el tema geográfico es sólo una arista de éste. Ello no por el hecho de que quisiera olvidar su pasado, renegando su cultura para siempre, sino que reconoce esta pero sabe que existe otra que está por encima y que maneja las lógicas comerciales y de poder, por lo que él se adapta y disfruta siendo partícipe de dicho proceso. Por esto es que en parte de traslada por tantos poblados, para tratar de comunicar el mundo con el cual quiere identificarse (la cultura occidental) con el mundo al cual pertenece y debe su ser (su cultura).
Ahora, tampoco podemos desconocer el hecho de que el mismo interés por las culturas también mueva a Bartolo, ligado al placer que significaba estar en un determinado lugar, ya que al realizar visitas si gustaba de ellos y su gente se quedaba.

3. Familia: En este punto puede constatarse que continúa el desarraigo. No sólo con la imagen que él tiene de su propia familia durante su niñez, sino que también con su propia disposición a crear una. En un principio sólo la imagen materna está presente en su vida y es valorada junto a la del abuelo (del cual reconoce su herencia indígena). Sin padre conocido (pues este había abandonado el hogar) ni hermanos mayores con los cuales contar, que lucharan por el bienestar de la madre y al familia. Muchos de éstos crecieron para irse del hogar, para vivir del alcohol y las mujeres. Por ello decide crecer para trabajar y ayudar a su madre4. En su juventud realiza esta acción, moviéndose por el auge económico que representaban salitreras. Sólo tiene contacto con uno de sus hermanos dentro de una, el cual se acaba cuando a Toribio le ofrecen un trabajo mejor. Y un segundo contacto que establece con otro al visitarlo como soldado en Perú.

Luego, el mismo comercio lo desliga de la familia, ya que siendo este una prioridad en su vida, lo lleva a conocer y establecerse por tiempo indefinido los diversos poblados en medio del desierto. En el testimonio de Bartolo pareciera que el viviese para el trabajo y en un segundo plano, para el disfrute de la vida. La familia pareciera estar relegada en último lugar entre sus prioridades. Incluso ante el matrimonio no presentaba mayor interés y sólo lo hace al reconocer la utilidad de este, en el cuidado de la casa (aunque ello no quita que sintiese aprecio por su esposa). En sí es un espíritu libre, que se mueve por los andes sin que ello implique que extrañe su tierra, y menos aún a su familia. Sólo son ciertas personas las que recuerda con cariño y estima, aquellos que le legaron su cultura, lo criaron de niño y a quienes también vio pasar penurias (madre y abuelo) y a quienes significaron una posibilidad de conectarse con el trabajo, como sus hermanos o amigos.

4. Progreso: Visto como una manera de adaptarse y crecer en los nuevos tiempos. Para el protagonista el progreso va ligado a un pensamiento de tipo económico, lo cual denota claros rasgos capitalistas en éste. En sí reconoce que es dentro de éste que se puede encontrar la solución a la pobreza y que por ende hará surgir. Asimismo, reconoce que la educación es un medio fundamental para ello, y por lo mismo se comprende su colaboración y apoyo a la construcción de una escuela en Chiapa.

Por otro lado sería pertinente el comprender: ¿qué es lo que evita el progreso en Bartolo? Desde la tradición oral, ligada en parte a la historia, él le atribuye (gracias a lo que le enseñó su abuelo) la pobreza del territorio en parte a la acción de los españoles en el territorio incaico. No sólo porque estos últimos se lo hubieran llevado, sino que también reconoce al indígena como actor, ya que Ñusta, hija de Atahualpa lo habría arrojado todo al mar para que los conquistadores no se lo llevaran, perdiéndose para siempre y dejando en la pobreza al territorio 5. Pero también, muy ligado al tema del trabajo y el ámbito económico, Toribio reconoce que la falta de progreso se debe a la acción (o no acción) que lleva a cabo el gobierno para con ellos como pueblo y con los chilenos en general, pues señala que falta espacio donde puedan desempeñarse los trabajadores y oportunidades en las cuales poder generar los recursos para vivir.

5. Tradición-Religión: Se ha optado por unir estos dos conceptos, puesto que dentro del relato las alusiones de tipo religiosa (que podrían considerarse como católicas) siempre se realizan en relación a la tradición local, reconociendo demonios y espíritus malignos que se manifiestan para ser daño a través de la naturaleza y que a su vez, pueden ser curados con elementos extraídos de la misma.

Pese a que Bartolo reconoce el valor del progreso en la vida cotidiana, seguía recurriendo, como parte de lo que podría denominarse como la costra de la tradición en palabras de George Kubler6, a los saneamientos propios de su cultura, realizando pactos (un ritual en el que se ofrece algo a una divinidad o demonio para restablecer el equilibrio perdido), y manteniendo en supervivencia ritos locales de una tradición milenaria. Así para él estarían presentes, dentro del mundo, tanto espíritus buenos como malos los cuales provendrían de una realidad más allá que no necesariamente guarda relación con el pensamiento religioso de la sociedad occidental. En sí, este relato es espacio de múltiples interpretaciones, las cuales no necesariamente alcanzan a concretarse dentro de este trabajo, pues la mente y más aún, la cultura humana es compleja e imposible de delimitar a cabalidad. Sin embargo no por ello debemos abstraernos de ésta y mirarla como una situación pintoresca, sino que debe ser considerada como una experiencia humana compleja que se articuló dentro del devenir histórico.

Bibliografía:
– Gusmán, Gastón. Toribio Bartolo: testimonio de un aymara. Pehuén. Santigo, Chile. 2009
– Kubler, George: Arte y arquitectura en la América Precolombina. Cátedra, Madrid, 1986.

1 a partir del texto Toribio Bartolo: testimonio de un aymara 2Una lengua indígena local de Oruro en Bolivia
3Doctor en Ciencias Antropológicas de la Universidad de Tokio.Docente de la Universidad Católica del Norte. Premio Nacional de Historia 2002. Realiza el prólogo del libro que contiene el testimonio.

4 Sin contar con que la muerte se la arrebataría pronto. 5 Más es necesario reconocer que esto lo ve como parte de una historia y no atribuye ningún juicio de valor. 6 Kubler, George: Arte y arquitectura en la América Precolombina. Cátedra, Madrid, 1986.

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  1. Carla
    Agradezco tu comentario. Estamos trabajando en un nuevo texto sobre un poeta mapuche , en la misma línea de trabajo.
    Gastón Guzmán G.

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